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Biografia Tte Hernan Merino Correa

La vida del teniente Hernán Merino Correa, mártir de Carabineros, y guardián de nuestra soberanía, fue breve e intensa, y estuvonino_hernan marcada por el cumplimiento del deber.Dueño de una sólida voluntad, firme vocación de servicio y de un férreo espíritu de 

cooperación y solidaridad, este oficial, nacido en Antofagasta el 17 de julio de 1936, ofrendó su vida en defensa de nuestra integridad territorial.

Con una destacada hoja de servicios, en todas las actividades que desarrolló fue siempre el primero y, por las misiones que le correspondió ejecutar, sus compañeros lo llamaron "retador de lo imposible"

Camaradas de armas y profesores lo recuerdan por "su talento creativo que se captaba en su trato diario y una capacidad de acción que lo apartaba de lo puramente teórico, pero sin dejarse arrastrar al terreno emocional", según lo describe el ensayista e historiador René Peri en su libro "A la Sombra del Monte Fitz Roy", quien agrega: "Su mando no fue un simple convencer ni un vencer, sino que se expresó equilibradamente en ambas conductas"

hernan_mamaEl teniente Hernán Merino Correa, hijo del capitán de Carabineros Carlos Merino Charpentier y de doña Ana Correa de la Fuente, ingresó a la Escuela de Carabineros en marzo de 1956, inspirado por un profundo espíritu de servicio.
El 16 de diciembre de 1957 egresó como subteniente y luego de trabajar en diferentes unidades y ser ascendido a teniente, en marzo de 1961, fue destinado a la Prefectura de Aysén, sirviendo en las 1ª, 2ª y 3ª comisarías, entre 1962 y 1964. Luego regresó a la capital, para integrarse al segundo curso de Perfeccionamiento de Tenientesmerino_ceremonia

 

Terminado el período de capacitación, volvió a la Undécima Región como jefe de la Tenencia Cochrane, unidad en la que se encontraba cuando se produjo el incidente fronterizo que le costó la vida en la zona de Laguna del Desierto.

Los hechos que culminaron con su trágica muerte, comenzaron a gestarse en octubre de 1965, cuando el colono Domingo Sepúlveda se presentó en el Retén Lago O'Higgins, para denunciar que dos días antes había llegado a su casa una patrulla de la Gendarmería Argentina, cuyo comandante. le exigió que concurriera a Río Gallegos, ciudad transandina, y le dio un plazo de 25                        días para normalizar su situación legal en el país vecino, bajo apercibimiento de detención si no cumplía dicho trámite en el tiempo indicado.


carabineros_vigilanCon la finalidad de verificar esta denuncia, dar protección al colono y patrullar nuestro territorio en Laguna del Desierto, Carabineros envió al mayor Miiguel Torres, quien estableció una avanzada en los terrenos del denunciante. Desde ese lugar, una patrulla integrada por ese oficial, el teniente Hernán Merino, un sargento y dos carabineros se trasladó ocho kilómetros al sur, donde levantó su campamento.

El teniente Hernán Merino Correa, hijo del capitán de Carabineros Carlos Merino Charpentier y de doña Ana Correa de la Fuente, ingresó a la Escuela de Carabineros en marzo de 1956, inspirado por un profundo espíritu de servicio.
El 16 de diciembre de 1957 egresó como subteniente y luego de trabajar en diferentes unidades y ser ascendido a teniente, en marzo de 1961, fue destinado a la Prefectura de Aysén, sirviendo en las 1ª, 2ª y 3ª comisarías, entre 1962 y 1964. Luego regresó a la capital, para integrarse al segundo curso de Perfeccionamiento de Tenientes.

Terminado el período de capacitación, volvió a la Undécima Región como jefe de la Tenencia Cochrane, unidad en la que se encontraba cuando se produjo el incidente fronterizo que le costó la vida en la zona de Laguna del Desierto.
Los hechos que culminaron con su trágica muerte, comenzaron a gestarse en octubre de 1965, cuando el colono Domingo Sepúlveda se presentó en el Retén Lago O'Higgins, para denunciar que dos días antes había llegado a su casa una patrulla de la Gendarmería Argentina, cuyo comandante. le exigió que concurriera a Río Gallegos, ciudad transandina, y le dio un plazo de 25 días para normalizar su situación legal en el país vecino, bajo apercibimiento de detención si no cumplía dicho trámite en el tiempo indicado.

Corría entonces el 5 de noviembre de 1965, jornada en la cual dos cuadrimotores argentinos sobrevolaron las carpas de los carabineros, operación que también efectuaron a muy baja altura otros aviones pequeños.
Al día siguiente, el mayor Torres recibió instrucciones para levantar el campamento y retroceder hasta la avanzada.patrullaje_caballo

Alrededor de las 16:30 horas, y cuando todo hacía pensar a los carabineros que las circunstancias que los habían llevado a ese sector de Laguna del Desierto ya estaban resueltas por los gobiernos de Chile y Argentina, irrumpieron dos niños -hijos de los colonos chilenos que habitaban el lugar- gritando que habían visto soldados con cascos en el bosque que se arrastraban hacia el campamento. Más tarde, los carabineros comprobarían que eran alrededor de 90.El mayor Torres era un hombre sereno. Avanzó, sin armas, hacia donde presumía que estaban ocultos los gendarmes y pidió a viva voz hablar con el oficial a cargo. El teniente Merino y el sargento Manríquez sospecharon una celada.

El mayor siguió adentrándose en el bosque, a la par que reiteraba sus llamados a los gendarmes, sin obtener respuesta.

En ese momento, Merino y el sargento Manríquez corrieron en dirección al sendero por donde avanzaba el mayor Torres. Cuando lo alcanzaron, el teniente se puso detrás suyo y le dijo: "Yo lo apoyo, mi mayor".

muerto_merinoA su vez, Manríquez empezó a pedir a los gendarmes que salieran sin temor, asegurándoles que los carabineros no dispararían. Fue en ese instante cuando una bala salió de la espesa arboleda e impactó al teniente en el pecho. Enseguida un cerrado tiroteo sucedió a ese primer disparo.
Torres se arrojó al suelo cerca del herido, quien, agonizante, le dijo: "Me fregaron, mi mayor". Fueron las últimas palabras de aquel heroico y joven oficial.

En tanto, el sargento Manríquez también fue alcanzado por la metralla, desplomándose junto a un árbol, mientras el cabo Menar, que corría en apoyo a sus compañeros, debió optar por socorrer al teniente moribundo y al sargento herido.
Tras esos episodios, un comandante argentino ordenó a sus hombres que dejaran de disparar. El silencio llenó el ambiente enrarecido por el olor a pólvora mortal.

Los carabineros, que en ningún momento hicieron uso de sus armas, permanecían incrédulos ante lo ocurrido, mientras el comandante ordenaba que el cuerpo del oficial abatido, el sargento herido y el resto de los integrantes de la patrulla fueran conducidos a territorio argentino, estos últimos en calidad de prisioneros. Allí permanecieron hasta el lunes 8 de noviembre de 1965, día en que fueron entregados a las autoridades chilenas, junto al cadáver del oficial ultimado.

Los restos del teniente Hernán Merino Correa fueron velados en una capilla ardiente erigida en la Escuela de Carabineros. Desde allí se trasladaron hasta la Catedral Metropolitana, donde pudieron recibir las más elocuentes muestras de gratitud, admiración y respeto de miles de chilenos. A ellos se sumó una población conmocionada en todo nuestro territorio, que también rindió homenaje a su nuevo héroe

Estas demostraciones de reconocimiento público presidieron las exequias del teniente Merino, y fue así como una pléyade humana se volcó a las calles para despedir a este mártir de Carabineros y la nación. Para dar su adiós postrero a este héroe del siglo que acaba de expirar, celoso guardián de nuestra soberanía y leal exponente del honor del carabinero, siempre fiel a su juramento de "rendir la vida si fuere necesario, en defensa del Orden y de la Patria".

Bibliografía:
"A la Sombra del Monte Fitz Roy
(René Peri Fagerstrom);
"Teniente Merino, el Héroe de Laguna del Desierto
(René Peri Fagerstrom y Gustavo San Martín Ravanal)